Nota de Opinión. Por Jorge Villavicencio para Radio Cardinal.
En los últimos meses, una de las conversaciones más repetidas entre conductores, camioneros y viajeros en general ha sido esta: ¿vamos camino a estaciones de servicio sin playeros? En Argentina, el tradicional modelo de “playero” —esos trabajadores que cargaban combustible, limpiaban parabrisas y muchas veces informaban sobre el estado de rutas y servicios— está en debate. El Gobierno nacional autorizó el autodespacho de combustible, permitiendo que los usuarios llenen el tanque por sí mismos, una práctica optativa para cada estación de servicio y con normas de seguridad estrictas.

Pero antes de que encendamos este debate con recuerdos de rutas, mates y charlas con el playero, vale mirar cómo se hace en otros países —porque la historia no empieza y termina en Buenos Aires o en Morteros.
Una mirada global: autoservicio versus servicio completo
Estados Unidos
En los Estados Unidos, el autoservicio es prácticamente la norma. Desde la década de 1980 la mayoría de las estaciones operan con sistemas donde los conductores pagan y cargan en el surtidor sin intervención de personal. El sistema “pay-at-the-pump” —pago en el surtidor con tarjeta— está en casi todas partes y cambió profundamente la experiencia del repostaje, priorizando la rapidez y la autoregulación.
España
En España, el panorama también es mayoritariamente autoservicio. De hecho, una parte significativa de las estaciones son “desatendidas”, operando sin personal y con precios más bajos precisamente por ese motivo. En muchos casos, el cliente elige, paga y carga sin interferencia humana.
Chile
Chile lleva más de una década con estaciones que permiten que el conductor reposte solo. Grandes marcas como Copec o Shell ofrecen sistemas de autoservicio con pago y carga directa en el surtidor y muchas de estas estaciones están integradas en zonas urbanas y rurales.
Brasil
Aquí el panorama es distinto. Por ley federal, el autoservicio de combustible está prohibido en Brasil. El objetivo explícito es proteger empleos, manteniendo la figura del empleado que carga combustible al vehículo.
México
México tiene un recorrido mixto. Aunque existen ejemplos de autoservicio —especialmente en las estaciones más modernas o de cadenas internacionales— la cultura del “servicio completo” todavía predomina en muchas regiones, influenciada tanto por hábitos locales como por preocupaciones de seguridad.
Uruguay
En Uruguay no hay una tradición extendida de autoservicio, y aunque no está prohibido, la costumbre todavía favorece que el personal cargue combustible y atienda a los clientes, como parte del servicio completo.
La experiencia argentina: ¿un paso hacia adelante o hacia atrás?
En Argentina, la reciente reglamentación del autodespacho de combustible, que estuvo prohibida casi cuatro décadas, abre un nuevo capítulo. Ahora los conductores podrán optar por cargar nafta o gasoil por sí mismos, siempre bajo condiciones de seguridad y con personal supervisando la playa de carga.
Desde lo práctico, esto puede significar menos tiempo de espera, horarios ampliados y, potencialmente, costos operativos más bajos que, en teoría, podrían traducirse en un precio más competitivo en el surtidor. Pero desde lo humano —lo que muchos sienten al recorrer rutas largas por Argentina— hay una pregunta que no debería perderse en el debate: ¿qué perdemos cuando no hay más al menos una voz amiga junto al surtidor?
Para quienes viajan por rutas de nuestro extenso territorio, esas paradas a mitad del viaje no solo sirvieron para llenar el tanque, sino para conocer el estado de la ruta más adelante, saber si había un corte, un derrumbe, o simplemente enterarse de la mejor parada para almorzar. Esos minutos de intercambio, a veces rápidos y otras prolongados, son parte de la memoria del viaje argentino.
¿Qué nos jugamos?
La discusión no es solo técnica ni económica: es cultural.
Autoservicio puede traer eficiencia y menor costo.
Servicio completo mantiene un contacto humano valioso.
Quizás el camino no sea uno u otro, sino una convivencia: estaciones que ofrezcan ambas opciones, atendiendo tanto a quienes priorizan rapidez como a quienes buscan una experiencia más humana en sus viajes.
Porque al final, para muchos conductores argentinos, llenar el tanque también es una buena conversación del viaje. Quizás valga la pena reflexionar si estamos listos para perder eso en nombre de la eficiencia y los costos. Cuál es tu opinión sobre esta nueva modernidad?
