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Editorial: Las encuestas ponen a prueba el poder en Miramar.

Por Jorge Villavicencio, para Radio Cardinal

La proximidad de un nuevo proceso electoral comienza a movilizar el escenario político de Miramar de Ansenuza. Entre nombres conocidos, posibles aspirantes y expectativas reservadas, las encuestas se perfilan como el primer termómetro de una contienda que tendrá, finalmente, un protagonista decisivo: el pueblo.

Hay un momento particular en la vida democrática en el que el poder político comienza, lentamente, a cambiar de manos. Es un proceso que se inicia mucho antes de las elecciones, cuando las aspiraciones personales, las estrategias partidarias y las ambiciones de quienes pretenden gobernar empiezan a someterse a un examen inevitable: la consideración de la ciudadanía.

Y es precisamente allí donde aparecen las encuestas.

Cada renovación de autoridades abre un período de expectativas, especulaciones y movimientos dentro del entramado político. Antes de enfrentar el veredicto de las urnas, quienes aspiran a ocupar responsabilidades públicas suelen atravesar ese particular tamiz de la opinión ciudadana que intenta establecer niveles de conocimiento, aceptación y reconocimiento entre los vecinos.

Las encuestas permiten a los partidos evaluar posibles candidaturas, explorar preferencias y, también, encontrar puntos de equilibrio entre las aspiraciones de sus propios integrantes.

Porque no siempre las ambiciones personales coinciden con las preferencias de la sociedad. Y es allí donde comienza uno de los ejercicios más complejos de la política: conciliar proyectos, moderar pretensiones y construir consensos.

En Miramar de Ansenuza, donde buena parte de sus protagonistas se conocen desde hace décadas, este proceso adquiere características particulares. Muchos de quienes participan de la vida política también forman parte del entramado empresarial, comercial, profesional, cultural o institucional de la localidad.

Los nombres que comienzan a circular

En este escenario ya se mencionan diversas figuras que podrían aparecer en los futuros relevamientos de opinión.

Entre ellas se encuentran el actual intendente Gerardo Cicarelli, Adrián Walker, Pablo Aguirres, Lautaro Cicarelli, Pablo Merlino, Mariana Zapata, Carlos Marchetti, Rodolfo Cristalli, Miguel Milone, Milena Pirazzini, Mauricio Bergia, Raúl Castellino, Horacio Cristalli y Ricardo Becaría.

Una nómina que seguramente no será definitiva y a la que podrían incorporarse nuevas figuras que, por diferentes razones, todavía prefieren mantenerse al margen de las especulaciones públicas.

Sería interesante que los propios ciudadanos de Miramar participaran de este primer intercambio, proponiendo nombres de personas que consideren capaces de asumir responsabilidades institucionales. No necesariamente provenientes de la política tradicional, sino también de otros ámbitos de nuestra comunidad.

Cuando el poder comienza a regresar al pueblo

Existe una dimensión especialmente interesante en estos períodos que preceden a una elección.

Mientras los dirigentes analizan escenarios, consideran alianzas y procuran interpretar las primeras mediciones, algo mucho más profundo comienza a suceder en la sociedad.

El ciudadano, que durante buena parte de un mandato observa, acompaña o cuestiona las decisiones del gobierno, empieza a recuperar una facultad esencial de la democracia: la posibilidad de decidir quién habrá de ejercer el poder en su representación.

Al principio, esa facultad se manifiesta discretamente, en una conversación entre vecinos, en una opinión compartida o en la respuesta a un encuestador. Pero a medida que se aproxima la elección, esa voz adquiere una gravitación cada vez mayor.

Los dirigentes comienzan a escuchar con particular atención. Los partidos revisan sus estrategias. Las aspiraciones personales deben confrontarse con las expectativas colectivas.

Porque el poder no pertenece definitivamente a quienes lo ejercen, sino al pueblo que, por un tiempo determinado, se los ha confiado.

Y así, con cada día que nos acerca a las urnas, el ciudadano comienza a sentir que el poder de decisión regresa progresivamente a sus manos.

Hasta que finalmente llega el día de la votación. Ese instante en el que las encuestas pierden su protagonismo, las especulaciones se desvanecen y las ambiciones personales quedan sometidas a la voluntad colectiva.

Porque en democracia, el poder puede ejercerse desde un despacho, pero su verdadero dueño siempre será el pueblo.

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