Una intervención artística transformó los restos de un emblemático árbol centenario de Miramar de Ansenuza en una obra que celebra la naturaleza, la identidad de nuestro humedal y la importancia de preservar los árboles que forman parte de la historia de la comunidad.

En el marco del 3.º Congreso de Escultores de Miramar de Ansenuza, quedó inaugurada la intervención artística realizada sobre un emblemático árbol centenario ubicado sobre calle Urquiza, que hoy, aun después de su desaparición como ser vivo, vuelve a cobrar protagonismo a través del arte.
Años atrás, cuando se advirtió que el árbol sufría una pronunciada inclinación que comprometía su estabilidad y su propia existencia, se realizó una primera intervención artística. Una mano, convertida en sostén simbólico y material, parecía detener su desplazamiento, como si todavía fuera posible ayudarlo a permanecer en pie frente al inexorable paso del tiempo.

Pero la naturaleza siguió su curso y el árbol finalmente dejó de vivir. Sin embargo, en lugar de retirarlo y borrar para siempre su presencia del paisaje urbano, surgió desde la Municipalidad de Miramar de Ansenuza la propuesta de darle una nueva vida a través del arte.
Así, sus troncos se convirtieron en el soporte de una intervención que tiene a las aves como protagonistas. Escultores dieron forma a figuras inspiradas en la fauna autóctona, incorporando flamencos, garzas y otras especies emblemáticas del humedal de Ansenuza, en una composición que parece devolverle movimiento a aquello que alguna vez estuvo lleno de vida.
La obra, finalizada ayer, propone una mirada que trasciende lo artístico. Es también un homenaje a los árboles que acompañan nuestra vida cotidiana, que ofrecen su sombra durante los calurosos veranos y que, silenciosamente, forman parte de la memoria afectiva de quienes habitan esta tierra.
Donde antes hubo un árbol vivo, hoy hay una historia que continúa. Sus ramas, que alguna vez cobijaron el paso del tiempo, se convierten ahora en refugio simbólico de las aves que identifican nuestro paisaje. Y aquello que parecía destinado a desaparecer encuentra, mediante la creatividad y el trabajo de los escultores, una nueva manera de permanecer entre nosotros.

