«LA MALDITA POLICÍA»

Por Gerardo Monteverdi – Diplomado en Seguridad ciudadana y Prevención del delito.

La maldita policía, con ese nombre era conocida la Policía de la Provincia de Buenos Aires, la bonaerense, durante los años 80 y 90. Una Policía acusada de recibir coimas y de estar implicada con los más conocidos delincuentes. Uno de los casos más resonantes fue la masacre de Ramallo, un robo a un Banco y posterior secuestro donde se asesinó a los rehenes y en donde una fotografía de un periodista reveló que se intentaron ocultar pruebas que implicaría la participación de la Policía.

Hoy toda la Provincia de Córdoba se encuentra conmocionada por un hecho sucedido en la Capital, donde dos uniformados, en circunstancias que aún se determinan, balearon y mataron a un chico de 17 años en un control. No solo esto, sino que se sospecha que los efectivos limpiaron la escena y plantaron un arma para intentar justificar la balacera, lo que de confirmarse, sería un escándalo.

Si nos ponemos a recorrer las redes sociales donde los portales de noticias inundan de notas sobre este tema, vemos casi todos los comentarios del estilo: “hacen un cursito de 6 meses y están con un arma en la calle”, “no tienen vocación”, “son resentidos que se creen que por un uniforme te pasan por arriba”.

Vamos a desglosar un poco e intentar comprender algunos aspectos. En nuestra Provincia en términos de formación, los Oficiales cursan una carrera de 3 años de duración y egresan con el título de “Técnicos en seguridad pública”, en cambio, los suboficiales, quienes generalmente están en la calle, realizan un curso de formación de 9 meses ( antes eran 6 meses pero se consideró poco y se extendió).

Estos tiempos no distan mucho de los de las demás provincias, pero hasta para el criterio de alguien que no esté en el tema, es visiblemente poco.

El tema de la vocación, acá tenemos un problema, ya que cualquiera que esté inserto en el mundillo de la seguridad sabe que para poder entrar a esta fuerza se necesita “cuña”, es decir, que alguien que ya esté adentro te recomiende o “hable” para permitirte poder ingresar y tener prioridad sobre los demás postulantes, esto genera que muchos jóvenes con formación académica o con una vocación de servicio verdadera no puedan ingresar y ser parte porque no cuentan con este “apoyo”.

Si a esto le sumamos la crisis económica, lo cual fomenta que cada vez más personas quieran ingresar por el solo hecho de percibir un salario en blanco y tener estabilidad laboral, no porque realmente lo anhelen. Hace un tiempo atrás se conocieron dos casos que ejemplifican esto, el primero en Buenos Aires, donde en la cárcel de Caseros el Servicio Penitenciario solicitaba personal, se formaron cuadras y cuadras de cola de gente queriéndose presentar, y al ser entrevistados, la mayoría manifestaba que lo hacían ya que no había trabajo y esto era una oportunidad. En la ciudad de Córdoba se informó que se abrieron inscripciones para Soldados Voluntarios y lo mismo, colas eternas de gente que lo que menos los motivaba era la vocación de servicio en dicha fuerza.

Las dos razones anteriores son las que, en mi opinión, dificultan tener fuerzas policiales óptimas y confiables.

Pero volviendo al caso del asesinato de Blas Correas, este ha despertado un odio visceral hacia la Policía que a mi parecer, es peligroso, ¿Por qué? Simple. Sumemos la liberación masiva de presos más una justicia garantista, más una policía con manos atadas y nos da el panorama actual, una inseguridad galopante que afecta gravemente a todos los grandes centros urbanos.Ahora deberíamos sumarle que a partir de este hecho, la poca acción que tenía la Policía desaparece para evitar tener otro episodio como este. Los únicos beneficiados serían los delincuentes, ¿Se debe castigar el mal accionar policial? Si. Debemos entrar en crisis y decir que toda la Policía no sirve? No. Debemos exigir reformas que permitan cambiar esta situación de fondo, sino, de otra manera, los únicos perjudicados seremos nosotros.

Foto: Collage JRV, para Radio Cardinal

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