ASUMIÓ ALBERTO FERNÁNDEZ

Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner juraron hoy ante la Asamblea Legislativa. En la ceremonia Mauricio Macri traspasó al nuevo presidente los atributos presidenciales, que culminó con un discurso donde llamó a terminar con el hambre y los enfrentamientos.

La ceremonia fue presidida por la vicepresidente saliente Gabriela Michetti, quien abrió la sesión pasada las 11 de la mañana. Luego de la lectura del acta de proclamación la Comisión de Exterior e Interior recibieron a Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner.

El primero en jurar como presidente fue Alberto Fernández, quien lo hizo por «Dios, por la Patria y los Santos Evangelios«, luego juró como vicepresidente Cristina Fernández de Kirchner, quien utilizó la fórmula: «Por DIos, la Patria y el pueblo, como siempre, em lo demanden«.

Luego de la Jura y ante la Escribana General de la Nación, Macri traspasó los atributos presidenciales a Fernández, el bastón y la banda presidencial. A continuación el ex-presidente Mauricio Macri se retiró del recinto, dando un abrazo al nuevo presidente de la república Alberto Fernández.

Finalizada la ceremonia de traspaso de atributos, se dirigió a la Asamblea Legislativa y a todo el país por Cadena Nacional de Radio y Televisión, el flamante presidente Alberto Fernández, quien realizó un discurso de casi una hora.

Leer el texto completo del mensaje del Presidente Alberto Fernández

Señora Vicepresidenta,
Diputadas, Diputados y Senadores
Querido Pueblo Argentino,
El 10 de diciembre de cada año, no es un día cualquiera en nuestra
memoria colectiva.
Hoy celebramos el momento en que la Argentina toda sepultó la mas cruel
de las dictaduras que hemos debido soportar. Ese día, hace treinta y seis
años, Raúl Alfonsín asumía la Presidencia, nos abría una puerta hacia el
respeto a la pluralidad de ideas y nos devolvía la institucionalidad que
habíamos perdido.
Desde entonces, nuestro país atravesó distintos momentos. Algunos más
plácidos y felices y otros más tristes y tumultuosos. Pero en cualquier caso
siempre perseveramos en la institucionalidad y toda crisis que se nos
presentó supimos sobrellevarla preservando el funcionamiento de la
república.
Los argentinos hemos aprendido así, que las debilidades y las insuficiencias
de la democracia solo se resuelven con más democracia. Por eso hoy quiero
iniciar estas palabras reivindicando mi compromiso democrático que
garantice entre todos los argentinos, más allá de sus ideologías, la
convivencia en el respeto a los disensos.
Deseo dirigirme muy personalmente a cada una y a cada uno de esos
argentinos que habitan esta Patria.
Lo hago ante los representantes de esta Asamblea Legislativa, las
autoridades de toda la comunidad internacional que hoy nos visitan y las
diversas expresiones de nuestra vida en sociedad.
No quiero emplear frases gastadas ni artificiales.

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Quisiera que mis palabras expresen, del modo más fiel posible, el eco de
millones de voces que aun siguen resonando en toda nuestra Argentina.
Desde la humildad de esa escucha, y desde la esperanza que millones de
compatriotas han expresado en las urnas el pasado 27 de octubre, vengo a
convocar a la unidad de toda la Argentina en pos de la construcción de un
Nuevo Contrato de Ciudadanía Social.
Un contrato social que sea Fraterno y Solidario.
Fraterno, porque ha llegado la hora de abrazar al diferente.
Solidario, porque en esta emergencia social, es tiempo de comenzar por los
últimos, para después poder llegar a todos.
Este es el espíritu del tiempo que hoy inauguramos.
Con sobriedad en la palabra y expresividad en los hechos.
Los vengo a convocar, sin distinciones, a poner a la Argentina de pie. Para
que comience a caminar. Paso tras paso. Con dignidad. Rumbo al
desarrollo con justicia social.
Hoy más que nunca, es necesario poner a la Argentina de pie como
condición necesaria para que vuelva a caminar. Ello supone, antes que
nada, recuperar un conjunto de equilibrios sociales, económicos y
productivos que hoy no tenemos.
Es hora de abandonar el aturdimiento.
Ser conscientes de que las profundas heridas que hoy padecemos necesitan,
para comenzar a curarse, de tiempo, sosiego, y, sobre todo, de humanidad.
Quiero convocar a esta Argentina Unida a desplegar una nueva mirada de
humanidad, que reconstruya los vínculos esenciales entre cada uno de
nosotros.

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Por eso mismo, tengo la necesidad de compartir con Ustedes la convicción
que siento en este momento, acerca de los grandes muros que tenemos que
superar para poner a la Argentina de pie.
Tenemos que superar el muro del rencor y del odio entre argentinos.
Tenemos que superar el muro del hambre que deja a millones de hombres
y mujeres afuera de la mesa que nos es común.
Y, finalmente, tenemos que superar el muro del despilfarro de nuestras
energías productivas.
Estos muros, y no nuestras ideas distintas, son los que nos dividen en este
tiempo histórico.
Por eso quisiera que estas palabras no fueran un monólogo, sino la
invitación a una reflexión profunda y sincera acerca de este momento
trascendental.
Superar los muros emocionales, significa que todas y todos seamos capaces
de convivir en la diferencia y que reconozcamos que nadie sobra en nuestra
Nación, ni en su opinión, ni en sus ideas, ni en sus manifestaciones.
Tenemos que suturar demasiadas heridas abiertas en nuestra Patria.
Apostar a la fractura y a la grieta significa apostar a que esas heridas sigan
sangrando. Actuar de ese modo, sería los mismo que empujarnos al
abismo.
Lo expreso desde el alma, tanto a quienes me votaron como a quienes no
lo hicieron. No cuenten conmigo para seguir transitando el camino del
desencuentro.
Quiero ser el Presidente capaz de descubrir la mejor faceta de quien piensa
distinto a mí. Y quiero ser el primero en convivir con él sin horadar en sus
falencias.

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Quiero ser capaz de corregir mis errores, en lugar de situarme en el
pedestal de un iluminado.
Yo vengo a invitarlos a construir esa sociedad democrática.
El sueño de una Argentina unida no necesita unanimidad. Ni mucho
menos uniformidad. Para lograr el sueño de una convivencia positiva entre
los argentinos, partimos de que toda verdad es relativa. “Tal vez de la suma
o la confrontación de esas verdades podamos alcanzar una verdad
superadora”, supo decir con acierto Néstor Kirchner.
Al decir esto no ignoro que los conflictos que enfrentamos expresan
intereses y pujas distributivas.
Pero también soy consciente de que, si actuamos de buena fe, podemos ser
capaces de identificar prioridades urgentísimas y compartidas para acordar
después mecanismos que superen aquellas contradicciones.
Más allá de las diferencias, estoy seguro de que todas y todos coincidimos
en que comenzar a superar el muro de las fracturas de la Argentina implica
crear una ética de las prioridades y las emergencias.
Comenzando por los últimos, para llegar a todos.
Más de 15 millones de personas sufren de inseguridad alimentaria en un
país que es uno de los mayores productores de alimentos del mundo.
Necesitamos que toda la Argentina Unida le ponga un freno a esta
catástrofe social. Uno de cada dos niñas y niños es pobre en nuestro país.
Sin pan no hay presente ni futuro. Sin pan la vida solo se padece. Sin pan
no hay democracia ni libertad.
Por eso la primera reunión oficial de nuestro Gobierno consistirá en un
encuentro de trabajo sobre esta prioridad, el Plan Integral Argentina Contra
el Hambre. Allí todo nuestro gabinete y las personalidades de la sociedad

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civil que generosamente se han sumado a nuestro llamado, comenzaremos
la acción que ponga fin a este presente penoso.
Pero no sería sincero ante Ustedes si no compartiera otra convicción: los
marginados y excluidos de nuestra Patria, los afectados por la cultura del
descarte, no sólo necesitan que le demos con premura un pedazo de pan al
pie de nuestra mesa. Necesitan ser parte y ser comensales en la misma
mesa. De la mesa grande de una Nación que tiene que ser nuestra “casa
común”.
Esto nos exige reorientar prioridades en nuestra economía y en nuestra
estructura productiva.
La solidaridad en la emergencia tiene muchas caras.
Las economías familiares se encuentran asfixiadas por los altos niveles de
endeudamiento, a tasas usurarias y en algunos casos con esquemas de
devoluciones diarias.
Hoy nuestros compatriotas tomaron créditos para comprar alimentos y
remedios o para pagar las facturas de los servicios públicos. Las abuelas y
abuelos se endeudaron para comprar medicamentos y empezaron a comer
menos y peor.
La situación de las PyMEs tiene también proporciones dramáticas,
requiriendo un alivio fiscal y estímulos apropiados.
La capacidad ociosa de nuestras fábricas, industrias y comercios también
constituye un despilfarro de energías productivas.
Queremos un Estado presente, constructor de justicia social, que le dé aire
a las economías familiares: por eso vamos a implementar un sistema
masivo de créditos no bancarios que brinde préstamos a tasas bajas.

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La economía popular y sus movimientos organizados, el cooperativismo y
la agricultura familiar serán también actores centrales de estas políticas
públicas.
La cultura del trabajo se garantiza creando trabajos formales con todos los
beneficios de la seguridad social. Por eso pondremos en marcha acciones
que faciliten que todos los titulares del salario social complementario
puedan insertarse en el mundo laboral y cobrar por su trabajo.
Hoy el desempleo afecta a casi un 30 por ciento de los jóvenes y, aún en
tasas más altas, a las mujeres jóvenes. Hay más de 1.200.000 jóvenes que no
estudian ni trabajan. Debemos garantizar el derecho al primer empleo, a
través de becas solventadas por el Estado para que jóvenes se capaciten y
trabajen en empresas, PyMEs, organizaciones sociales y de la economía
popular y la agricultura familiar.
La idea de un Nuevo Contrato de Ciudadanía Social supone unir
voluntades y articular al Estado con las fuerzas políticas, los sectores
productivos, las confederaciones de trabajadores, los movimientos sociales,
que incluyen al feminismo, a la juventud, al ambientalismo. Vamos a sumar
en ello, también al entramado científico-tecnológico y a los sectores
académicos.
Estoy seguro de que todos vamos a coincidir en que hemos llegado a esta
situación porque se han aplicado muy malas políticas económicas. Esa serie
de decisiones económicas fueron determinantes para que el Pueblo
Argentino, en su mayoría, las descalificara en las últimas elecciones.
Desde la fidelidad a ese mandato popular, vamos a impulsar un conjunto
de medidas económicas y sociales de distinta naturaleza, que comiencen a
revertir el rumbo estructural de atraso social y productivo.
En los próximos días estaremos convocando a los trabajadores, a los
empresarios y las diversas expresiones sociales, para la puesta en marcha de
un conjunto de Acuerdos Básicos de Solidaridad en la Emergencia, que

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constituyan el cimiento sólido a partir del cual se vuelvan a encender los
motores de nuestra economía.
Estaremos planteando en esta convocatoria una serie de medidas para
restablecer los indispensables equilibrios macro-económicos, sociales y
productivos para que la Argentina se encienda y pueda volver a caminar.
Sabemos que estaremos transitando un sendero estrecho, complejo,
desafiante, donde no hay lugar ni para los dogmas mágicos ni para las pujas
sectarias.
Faltaría a la verdad y a la responsabilidad, si no compartiera con Ustedes el
exacto escenario en el que hoy asumimos. Tiene cifras y datos
contundentes, emanados de la administración saliente. Y es la información
indispensable para comprender los desafíos que tendremos que asumir
como sociedad.
Si no hiciera esto, no podría explicar por qué va a llevar algún tiempo
lograr aquello que todos queremos.
La inflación que tenemos actualmente es la más alta de los último 28 años.
Desde 1991 la Argentina no tenía una inflación superior al 50 %.
La tasa de desocupación es la más alta desde 2006.
El valor del dólar pasó de $ 9 a $ 63 en solo cuatro años.
La Argentina no para de achicar su economía. El PBI de 2019 es el más
bajo de la última década.
La pobreza actual está en los valores más altos desde 2008. Retrocedimos
más de diez años en la lucha por reducir la pobreza.
El PBI per cápita es el más bajo desde el año 2009.
La deuda externa en relación al PBI está en su peor momento desde el año
2004.

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La indigencia actual está en los valores más altos desde 2008.
El nivel de producción industrial hoy es equivalente al del año 2006:
retrocedimos 13 años.
El empleo industrial registrado tiene el nivel de 2009.
La cantidad de empresas es equivalente al nivel registrado en 2007:
retrocedimos 12 años. Se cerraron 20 mil empresas en 4 años. De ellas,
4.229 eran empresas industriales.
El PBI industrial cayó un 12,9 %, comparando el primer semestre de 2019
contra el mismo período de 2015.
23 de las 24 ramas de la industria bajaron su nivel de actividad en 2018
respecto de 2015.
En estos 4 años se perdieron en la industria más de 141 mil empleos
registrados del sector privado.
En términos interanuales, el empleo industrial registrado lleva 42 meses
consecutivos de destrucción.
Detrás de estos terroríficos números, hay seres humanos con expectativas
diezmadas.
Tenemos que decirlo con todas las letras: la economía y el tejido social hoy
están en estado de extrema fragilidad, como producto de esta aventura que
propició la fuga de capitales, destruyó la industria y abrumó a las familias
argentinas.
En lugar de generar dinamismo, hemos pasado del estancamiento a una
caída libre.
En este contexto, he decidido que no le daremos tratamiento parlamentario
al Presupuesto Nacional proyectado por el gobierno saliente para el
ejercicio 2020. Sus números no reflejan ni la realidad macroeconómica, ni

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las realidades sociales, ni los compromisos de deuda que realmente han
sido asumidos.
Un presupuesto adecuado solo puede ser proyectado una vez que la
instancia de negociación de nuestras deudas haya sido completada y, al
mismo tiempo, hayamos podido poner en práctica un conjunto de medidas
económicas, productivas y sociales para compensar el efecto de la crisis en
la economía real.
La Nación está endeudada, con un manto de inestabilidad que desecha
cualquier posibilidad de desarrollo y que deja al país rehén de los mercados
financieros internacionales.
Tenemos que sortear ese escenario. Para poner a Argentina de pie el
proyecto debe ser propio e implementado por nosotros, no dictado por
nadie de afuera con remanidas recetas que siempre han fracasado.
La Argentina que buscamos construir es una Argentina que crezca e
incluya. Una Argentina en donde haya incentivos para producir y no para
especular.
Una Argentina con una visión de Proyecto Nacional de Desarrollo, en la
cual la agroindustria, la industria manufacturera, los servicios basados en
conocimiento, las PyMEs, las economías regionales y el conjunto de
actividades productivas, sean capaces de agregar valor a nuestras materias
primas para exportarlas y potenciar un robusto mercado interno.
Por eso, los Acuerdos Básicos de Solidaridad en la Emergencia serán el
punto de partida para detener la caída libre de la situación que recibimos.
Saldremos de ese cuadro con el consenso y de manera paulatina y
sostenida.
Resulta fundamental recuperar la economía. Una macroeconomía ordenada
es una condición necesaria para dejar lugar a la creatividad de las políticas
en pos del desarrollo. No hay progreso sin orden económico.

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Para reordenar a la economía necesitamos salir de la lógica de más ajuste,
más recesión y más deuda que se ha impuesto en los cuatro años que hoy
acaban. En esa acción de reordenamiento, vamos a proteger a los sectores
más vulnerables.
En este presente que afrontamos, los únicos privilegiados serán quienes
han quedado atrapados en el pozo de la pobreza y la marginación.
Necesitamos aliviar la carga de la deuda para poder cambiar la realidad.
Debemos volver a desarrollar una economía productiva que nos permita
exportar y así generar capacidad de pago.
Quiero que todos comprendamos que el gobierno que acaba de terminar su
mandato, ha dejado al país en una situación de virtual default. Por
momentos siento estar transitando el mismo laberinto que nos atrapó en
2003 y del que pudimos salir con el esfuerzo del conjunto social.
Nuestro plan de Acuerdos Básicos de Solidaridad en la Emergencia, busca
resolver esa situación de desorden, para otorgarle consistencia económica y
social a nuestra recuperación.
La consistencia integral de lo que proponemos en materia de todas las
variables del plan -precios, salarios, tarifas, tipo de cambio, aspectos
monetarios, fiscales y sociales-, serán explicitadas en los próximos días,
convocando a todos los sectores involucrados.
Apelo a la responsabilidad y el patriotismo de todas y todos.
Recibimos un país frágil, postrado y lastimado.
Es la hora de la vocación compartida que busca un país que le ofrezca un
destino mejor a todas y a todos.
El plan macroeconómico que perseguimos es una pieza central pero no
aislada de un Proyecto Nacional de Desarrollo que comprende múltiples
áreas interrelacionadas. Vamos a trabajar de manera simultánea en nuevos

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ejes para transformar nuestra estructura productiva, con políticas activas
que den cuenta del cambio tecnológico vertiginoso que enfrentamos, de la
inter-relación entre industrias, recursos naturales y servicios.
Vamos a encarar el problema de la deuda externa. No hay pagos de deudas
que se puedan sostener si el país no crece. Tan simple como esto: para
poder pagar, hay que crecer.
Buscaremos una relación constructiva y cooperativa con el Fondo
Monetario Internacional y con nuestros acreedores. Resolver el problema
de una deuda insostenible que hoy tiene Argentina no es una cuestión de
ganarle una disputa a nadie. El país tiene la voluntad de pagar, pero carece
de capacidad para hacerlo.
El Gobierno saliente tomó una inmensa deuda sin generar más producción
con la cual obtener los dólares imprescindibles para pagarla. Los acreedores
tomaron un riesgo al invertir en un modelo que ha fracasado en todo el
mundo una y otra vez. Nosotros queremos resolver el problema y para eso
necesitamos que todas las partes trabajemos responsablemente.
No vamos a repetir la triste historia de misiones de técnicos imprudentes
que prometen planes que no pueden cumplir y toman decisiones que luego
terminan comprometiendo el destino de millones de argentinas y
argentinos.
Seriedad en el análisis y responsabilidad en los compromisos que se asumen
para que los más débiles dejen de padecer. Bajo esas premisas asumiremos
toda negociación de nuestra deuda.
Existe otro equilibrio básico que tenemos que construir: el equilibrio
federal y territorial.
Argentina necesita poner fin a una estructura que muestra un país “central”
rico y pujante y un país “periférico” que busca desarrollarse a partir de las
mínimas concesiones que el país “central” entrega. No pueden haber

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argentinos de primera y argentinos de segunda. Argentina es una sola y
mancomunadamente debe propender al desarrollos de todas y cada una de
sus regiones. Ese es el desafío que enfrentamos y debemos superar.
Vamos a poner en marcha estos Acuerdos Básicos de Solidaridad en la
Emergencia contando también con la participación de los Gobernadores de
todo el país, con un criterio federal innovador, en clave productiva y social,
más allá de lo meramente fiscal.
Llevaremos una parte sustancial de la actividad política y administrativa del
Estado Nacional a las provincias, creando capitales alternativas, a fin de
que la realidad de esos lugares de nuestra Patria pueda hacerse carne en los
decisores de política, en los medios de comunicación y adquiera, a su vez, la
visibilidad que no tuvieron durante décadas.
También vamos a realizar un análisis exhaustivo a fin de descentralizar y/o
relocalizar en distintas provincias a los organismos del Estado Federal.
Así como ahora el Instituto Nacional de Vitivinicultura funciona en la
Provincia de Mendoza y el Instituto Nacional de Investigación y Desarrollo
Pesquero funciona en la Ciudad de Mar del Plata, debemos pensar en
diversas alternativas que garanticen un nuevo federalismo.
Vamos a poner a la Argentina de pie, con una infraestructura federal de
calidad, sostenible y sustentable, promoviendo el desarrollo regional y
creando juntos miles de puestos de trabajo en cooperativas de servicio,
pequeñas y grandes empresas.
Vamos a desplegar por todo el país un Plan de Reactivación de Obras
Públicas, que estén asociados al desafío ecológico y nos permitan mejorar
un eco-sistema de relaciones ambientales, sociales y productivas.
Serán proyectos de ejecución rápida y con gran empleo de mano de obra
local, destinados a mejorar la seguridad vial y la accesibilidad, el

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ordenamiento urbano y territorial, la construcción y el mantenimiento de
edificios públicos y la infraestructura hidráulica, entre otros.
Nuestro compromiso es garantizar la absoluta transparencia en la
administración de los recursos destinados a la obra pública. Los ciudadanos
podrán acceder a toda la información sobre el proyecto de la obra, los
costos de la misma, el proceso de licitación y selección de la empresa
ejecutora, monitorear los avances y denunciar irregularidades.
Vamos a desarrollar un ambicioso plan de regularización del hábitat y de la
construcción de viviendas. Es inadmisible pensar que en pleno siglo XXI
millones de argentinos no tengan un techo bajo el cual guarecerse. El
nuevo Ministerio del Hábitat y la Vivienda ha sido instituido con el
propósito de atender a la solución de esas carencias.
Vamos a atender la salud de los argentinos a través del Ministerio que
alguna vez degradaron. La desatención que en estos años ha padecido la
salud en Argentina está a la vista. Enfermedades que creíamos desterradas
han vuelto a aparecer entre nosotros. De aquí en más, arbitraremos las
medidas pertinentes para que nuestros hijos sean vacunados en tiempo y
forma, para que en los hospitales no falten insumos y para que los
remedios lleguen a nuestros abuelos de menos ingresos de modo gratuito.
Todos estos desafíos debemos afrontarlos en un contexto internacional
convulsionado. Argentina no debe aislarse y debe integrarse a la
globalización. Pero debe hacerlo con inteligencia preservando la
producción y el trabajo nacional.
Queremos una diplomacia comercial dinámica que sea políticamente
innovadora. Por eso en materia de relaciones internacionales, pondremos
en marcha una integración plural y global.
Plural, porque Argentina es tierra de amistad y relaciones maduras con
todos los países.

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Global, porque esa integración es con el mundo y con lo local a la vez. Una
Argentina inserta en la globalización, pero con raíces en nuestros intereses
nacionales. Ni más ni menos lo que hacen todos los países desarrollados
que promueven el bienestar de sus habitantes.
Nuestra Cancillería estará concentrada en conquistar nuevos mercados,
motorizar exportaciones, generar una activa promoción productiva de
inversiones extranjeras directas, que contribuyan a modificar procesos
tecnológicos y a generar empleo.
En esa globalización también sentimos a América Latina como nuestro
“hogar común”.
Vamos a robustecer el MERCOSUR y la integración regional, en
continuidad con el proceso iniciado en 1983 y potenciado desde 2003.
Con la República Federativa del Brasil, particularmente, tenemos para
construir una agenda ambiciosa, innovadora y creativa, en lo tecnológico,
productivo y estratégico, que esté respaldada por la hermandad histórica de
nuestros Pueblos y que va más allá de cualquier diferencia personal de
quienes gobiernan la coyuntura.
La vamos a honrar, vamos a avanzar juntos en la construcción de un futuro
de progreso compartido.
Seguimos apostando por una América Latina unida, para insertarnos con
éxito y con dignidad en el mundo. En 1974, el general Juan Domingo
Perón señalaba que “a niveles nacionales, nadie puede realizarse en un país
que no se realiza. De la misma manera, a nivel continental, ningún país
podrá realizarse en un continente que no se realice”.
Sabemos que se trata de un mundo altamente complejo. Con graves
problemas y desequilibrios económicos. Han crecido en varios países
movimientos autoritarios, ha habido golpes de Estado y al mismo tiempo

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en varios países crecen reclamos ciudadanos contra el neoliberalismo y la
inequidad social.
En cualquier escenario, la Argentina levantará alto sus principios de paz, de
defensa de la democracia, de plena vigencia de los derechos humanos.
Defenderemos la libertad y autonomía de los pueblos a decidir sus propios
destinos.
Reafirmamos nuestro más firme compromiso con el cumplimiento de la
Cláusula Transitoria 1ra de la Constitución Nacional y trabajaremos
incansablemente para potenciar “…el legítimo e imprescriptible reclamo
por la soberanía sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del
Sur y los espacios marítimos e insulares correspondientes…”.
Lo haremos sabiendo que nos acompañan los pueblos de América Latina y
el mundo y convencidos de que el único camino posible es el de la paz y la
diplomacia. Honraremos la memoria de quienes cayeron en la lucha por la
soberanía. Lo haremos trabajando por la resolución pacífica del diferendo y
sobre la base del diálogo que propone la Resolución 2065 de las Naciones
Unidas.
No hay más lugar para colonialismos en el Siglo XXI.
Sabemos que para esta tarea no alcanza el mandato de un Presidente, o de
un Gobierno. Exige una política de Estado de mediano y largo plazo. Por
ello convocaré en la órbita presidencial a un Consejo donde tengan
participación todas las fuerzas políticas, la Provincia de Tierra del Fuego,
representantes del mundo académico y de los excombatientes. Su objetivo
será forjar un consenso nacional para diseñar y llevar adelante las
estrategias que permitan conducir con éxito el reclamo más allá de los
calendarios electorales.
Defenderemos nuestros derechos soberanos sobre las Islas Malvinas, la
plataforma continental, la Antártida Argentina y los recursos naturales que
estas extensiones poseen porque pertenecen a todos los argentinos.

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La Argentina necesita una política ambiental activa, que promueva una
transición hacia un modelo de desarrollo sostenible, de consumo
responsable y de valoración de los bienes naturales.
En esa búsqueda estamos inspirados en la Encíclica “Laudato Si” de
nuestro querido Papa Francisco, Carta Magna ética y ecológica a nivel
universal. Por eso hemos tomado como primera decisión jerarquizar como
Ministerio el área ambiental.
Reafirmamos nuestro compromiso con el Acuerdo de París, promoviendo
el desarrollo integral y sostenible mediante una transición justa que asegure
que nadie quede atrás. Estas medidas son esenciales para atender las
vulnerabilidades del país, en particular, de los sectores más desprotegidos,
que son los que más sufren los efectos del Cambio Climático. Necesitamos
ordenar las condiciones para la conservación y uso racional de los recursos
ambientales, de los bosques y la biodiversidad, de los humedales y los
suelos, del mar y sus recursos.
Queridas argentinas, queridos argentinos:
En simultáneo con la solidaridad en la emergencia, en los próximos días
estaremos enviando al Parlamento las bases legislativas para
institucionalizar un Consejo Económico y Social para el Desarrollo, que
será el órgano permanente para diseñar, consensuar y consagrar un
conjunto de políticas de Estado para la próxima década.
Le daremos rango legislativo y propondremos que sus máximas autoridades
sean elegidas con acuerdo Parlamentario, por un período de gestión que
trascienda nuestro mandato.
Pretendemos que en este ámbito plural se diseñen los grandes pilares
institucionales y productivos de mediano y largo plazo -sin discusiones
coyunturales-, rumbo a un desarrollo humano integral e inclusivo.

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Aspiramos a que desde este Consejo se abran debates informados, con
evidencia científica, con participación creativa, con el concurso de técnicos
y profesionales de toda la Argentina que puedan inspirar la construcción de
rumbos diferentes.
Sabemos que nuestro país no se destaca por haber tenido políticas de
Estado. Desde 1983 ha habido solo dos constantes. La decisión irrevocable
de vivir en una sociedad democrática y la voluntad de integrarnos
regionalmente.
Tenemos la responsabilidad de asumir como políticas de Estado otros
imperativos morales irrevocables de la sociedad Argentina. Desde 1983 la
sociedad ha trabajado para el Nunca Más al terrorismo de Estado, para
lograr Memoria, Verdad y Justicia. Los primeros avances se lograron desde
1983 y luego se retomaron muchos otros desde 2003. Y se impidió
colectivamente cualquier retroceso en esta materia. Estamos orgullosos
como sociedad de tener hoy Fuerzas Armadas comprometidas con la
democracia.
Hoy es el Día Internacional de los Derechos Humanos. Y hoy, otra vez, la
Argentina vuelve a comprometerse con el respeto a los derechos del
hombre y a levantar ese compromiso como bandera inclaudicable en
cualquier país del mundo.
Mejorar la calidad de los derechos humanos y cívicos implica también
superar esta pobre calidad institucional en la que vivimos.
Es tiempo de ciudadanizar la democracia. Tenemos una democracia con
cuentas pendientes y siento que expreso a una generación que llega en esta
hora al poder para tomar la decisión de saldarlas.
Una democracia sin justicia realmente independiente no es democracia.
Supo decir un penalista clásico, que cuando la política ingresa a los
Tribunales, la justicia escapa por la ventana.

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Sin una justicia independiente del poder político, no hay república ni
democracia. Solo existe una corporación de jueces atentos a satisfacer el
deseo del poderoso y a castigar sin razón a quienes lo enfrenten.
Hemos visto el deterioro judicial en los últimos años. Hemos visto
persecuciones indebidas y detenciones arbitrarias inducidas por los
gobernantes y silenciadas por cierta complacencia mediática.
Por eso hoy vengo a manifestar frente a esta Asamblea y frente a todo el
Pueblo Argentino, un contundente Nunca Más.
Nunca Más a una justicia contaminada por servicios de inteligencia,
“operadores judiciales”, procedimientos oscuros y linchamientos
mediáticos.
Nunca más a una justicia que decide y persigue según los vientos políticos
del poder de turno.
Nunca más a una justicia que es utilizada para saldar discusiones políticas,
ni a una política que judicializa los disensos para eliminar al adversario de
turno.
Lo digo con la firmeza de una decisión profunda: Nunca más es nunca
más.
Porque una justicia demorada y manipulada significa una democracia
acosada y denegada.
Queremos una Argentina donde se respeten a rajatabla la Constitución y las
leyes. Queremos que no haya impunidad, ni para un funcionario corrupto,
ni para quien lo corrompe, ni para cualquiera que viola las leyes. Ningún
ciudadano por más poderoso que sea está exento de la igualdad ante la ley.
Y ningún ciudadano, por más poderoso que sea, puede establecer que otro
es culpable si no existe debido proceso y condena judicial firme.

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Cuando se presupone la culpabilidad de una persona sin condena judicial se
está violentando no sólo la Constitución, sino los principios más
elementales del Estado de Derecho.
Para superar este muro que lo único que ha garantizado en la Argentina es
la impunidad estructural, en los próximos días vamos a enviar al
Parlamento un conjunto de leyes que consagren una integral reforma del
sistema federal de justicia.
Al mismo tiempo, estaremos reorganizando y concentrando los esfuerzos
de la justicia de modo que se pueda enfatizar con eficacia y transparencia la
investigación del crimen organizado, el crimen complejo y el narcotráfico y
la droga, que son flagelos que debemos abordar con un carácter sistémico.
Se trata de aprovechar valiosos y mayoritarios recursos que hoy existen en
nuestro sistema de Justicia, de modo de terminar con la mancha ominosa
que un sector minoritario le provoca a la credibilidad de las instituciones.
En el mismo sentido de transformación profunda, he decidido que sea
intervenida la Agencia Federal de Inteligencia, para impulsar así una
reestructuración de todo el sistema de inteligencia e información estratégica
del Estado.
Como paso inmediato, dispondré la derogación del decreto 656 del 2016,
que fue una de las primeras y penosas medidas que la anterior
administración promovió y que significó consagrar el secreto para el
empleo de los fondos reservados por parte de los agentes de inteligencia
del Estado.
En el marco de la derogación de dicha medida, que significó un lamentable
retroceso institucional, también he tomado otra decisión: dichos fondos
reservados, no sólo dejarán de ser secretos, sino que serán reasignados para
financiar el presupuesto del Plan contra el Hambre en la Argentina.

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Lo mismo haremos con el resto de los fondos reservados que el actual
presupuesto nacional hoy prevé para las otras fuerzas armadas y de
seguridad, que serán mantenidos como tales en la medida indispensable,
sólo cuando necesidades estrictísimas de defensa y seguridad lo exijan, y
siempre con un máximo nivel de control parlamentario.
Lo digo y reitero con la firmeza de una convicción profunda.
Nunca más al Estado secreto.
Nunca más a la oscuridad que quiebra la confianza.
Nunca más a los sótanos de la democracia.
Nunca más es nunca más.
En este contexto, les anuncio también que en las próximas semanas
estaremos enviando al Parlamento y sometiendo al debate informado de la
sociedad civil y los expertos de todo el país, una propuesta de
transformación y coordinación estructural de toda la política de seguridad
ciudadana y prevención de la violencia.
Aspiramos a que sea no sólo una política de Estado sino también una
política de la sociedad. Concertada, plural, integral y co-gestionada, más allá
del plazo de nuestro mandato, entre todos los actores del sistema político.
Para evitar los péndulos peligrosos que no hacen más que poner en
cuestión la credibilidad de las instituciones.
Queremos poner a la Argentina de pie. Y en ese objetivo también tienen
que estar incluidas nuestras fuerzas armadas.
Para eso tienen que estar capacitadas y equipadas, alistadas y adiestradas,
para el cumplimiento de la misión principal y las misiones secundarias.
Queremos una política de Defensa autónoma, defensiva y cooperativa,
articulando principalmente con los países de la región, con quienes ya no
tenemos hipótesis de conflicto.

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Estamos convencidos de que la ciencia, la tecnología, la producción para la
Defensa y la ciberdefensa pueden constituirse en vectores fundamentales
del desarrollo nacional.
Queremos que el Sistema de Defensa continúe apoyando la política
antártica nacional, siendo nuestro país el que mayor presencia
ininterrumpida tiene en el continente blanco y el que más bases posee. Allí,
el aporte logístico de las fuerzas armadas hace posible que centenas de
científicos e investigadores puedan realizar su tarea, aún en situaciones
extremas.
Continuaremos con las misiones de mantenimiento de la paz en el marco
de nuestra pertenencia a la Organización de las Naciones Unidas.
Como Comandante en Jefe quiero decirles con claridad a nuestras fuerzas
armadas: tenemos una enorme oportunidad para mirar al futuro y hacer de
la política de Defensa una verdadera política de Estado, con un consenso
amplio de las fuerzas políticas y un fuerte compromiso con nuestra
Constitución Nacional.
Ciudadanizar la democracia también es respetar la libertad de expresión y
todas las opiniones emitidas a través de los medios masivos de
comunicación.
En tiempos de operaciones de intoxicación con noticias falsas a través de
las redes sociales, necesitamos más que nunca de medios vibrantes,
comprometidos con la información de calidad.
Los medios están hoy inmersos en un cambio tecnológico exponencial que,
al interpelarlos, también interpela a nuestra democracia. Nuestro Gobierno
asume el compromiso de acompañarlos con independencia en esta
transición. Y de consolidarlos como una gran industria del conocimiento.
En esta dimensión de pleno respeto, vamos a hacer una convocatoria a una
mejor calidad institucional en nuestra relación con los medios periodísticos,

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a través de la reformulación en lo que ha sido hasta hoy el manejo de la
pauta de publicidad del Estado.
La administración que hoy terminó, gastó un monto total de 9.000 millones
de pesos en propaganda oficial.
Un despropósito de propaganda estatal, en un país con hambre de pan y
hambre de conocimientos.
Queremos una prensa independiente del poder e independiente de los
recursos que la atan al poder.
Por eso, vamos a reorientar el presupuesto de publicidad del Estado bajo
otros criterios.
Queremos que dejen de servir a la propaganda del Estado para que pasen a
servir al mejoramiento de la calidad educativa.
No vamos a recortar esta cifra inmensa en su totalidad, porque afectaría el
movimiento empresarial de nuestros medios periodísticos. Pero sí vamos a
reorientarla.
Queremos que los avisos que pague nuestro gobierno, en lugar de hacer
propaganda, contribuyan a mejorar el proceso de aprendizaje de nuestros
jóvenes.
Para que la matemática, la historia, la literatura, la física y las ciencias de
nuestras currículas escolares, puedan ser enseñadas de modo más eficaz y
creativo, a través de contenidos que sean desarrollados y diseminados por
la pauta publicitaria que se pone en marcha con los recursos del Estado.
No queremos avisos pagos con dinero de todos para que elogien las
bondades del gobierno de turno.
Vamos a invertir el presupuesto de la publicidad oficial para publicar avisos
en los medios que serán herramientas pedagógicas, que nos ayuden a
mejorar el rendimiento educativo de nuestros jóvenes en todo el país.

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Tenemos que poner estos recursos al servicio del dictado de contenidos
más accesibles y más adaptados a las demandas modernas.
En las próximas semanas estaremos convocando a las instituciones
periodísticas de todo el país, para que se sumen con su talento a esta
propuesta y se comprometan junto a docentes, científicos, pedagogos y
expertos en educación, bajo la consigna de mejorar la calidad educativa.
El sistema de medios del Estado –radio, televisión, agencias de noticias,
espacios culturales- también va a contribuir a este propósito prioritario.
Más y mejor educación para todas y todos.
Y también vamos a promover que todas las jurisdicciones y los otros
Poderes del Estado del país, con un criterio federal, se sumen a este
propósito.
No habrá pauta del Estado para financiar programas individuales de
periodistas. Sólo se destinará a instituciones periodísticas. En la relación
con los periodistas, más que nunca tiene sentido aquella frase de que “las
cuentas claras conservan la amistad y el respeto”.
En el mismo contexto de innovación, vamos a proponer una Gran Escuela
de Gobierno, con altísima excelencia académica, como eje de un proceso
de profesionalización, mérito y carrera administrativa en el marco del
Estado Nacional.
Impulsamos todas estas decisiones porque entendemos que un Nuevo
Contrato de Ciudadanía Social implica poner en marcha una gesta
educativa, científica y tecnológica. Como alguna vez dijera Arturo Frondizi,
debemos lanzarnos “con decisión y coraje a la conquista del futuro”.
Pondremos todos los esfuerzos necesarios para universalizar la educación
de la primera infancia, para que todas nuestras niñas y niños, desde los 45
días hasta los 5 años aprendan, jueguen y convivan en ese espacio

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fundamental para su futuro como personas y para nuestro futuro como
nación que es la escuela.
No descansaremos hasta que un niño en una zona rural tenga el mismo
acceso a una educación transformadora que una niña de un centro urbano,
viva en el punto del país que viva. Hoy existen regiones en donde 3 de cada
10 chicos no comienzan su escolaridad antes de los 5 años y otras donde la
mitad no lo hace antes de los 4.
Asimismo, vamos a tener como prioridad avanzar en la extensión de la
jornada escolar, una iniciativa fundamental para romper las desigualdades
de origen. Empezaremos por las escuelas a las que asisten niñas, niños y
jóvenes de sectores que más necesitan del Estado, que ya no pueden
esperar más.
Nada de esto será posible si no valorizamos a lo más importante de este
sueño que tenemos entre manos: queremos que cada maestro y cada
maestra deseen ser los educadores del futuro, el motor de cambio y
transformación de nuestra sociedad. Mejorar las condiciones de trabajo y
asegurar una formación inicial y permanente debe ser una prioridad.
Durante mi gobierno estableceremos las bases de un gran Pacto Educativo
Nacional, con todos los actores de la comunidad educativa y de la sociedad.
Y esto no es letra muerta de un discurso.
La Argentina se hizo valiosa cuando Alberdi y Sarmiento trabajaron para
que la educación sea pública. Se hizo rica con la Reforma Universitaria. Se
hizo más potente cuando el justicialismo declaró la gratuidad de la
enseñanza universitaria.
Reivindicamos a la investigación científica y tecnológica porque ningún país
podrá desarrollarse sin generar conocimientos y sin facilitar el acceso de
toda la sociedad al conocimiento. He decidido que en nuestro Gobierno el
área respectiva recupere su jerarquía Ministerial que nunca debió perder.

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Junto al movimiento obrero organizado, columna vertebral del acuerdo
social, también vamos a impulsar un esencial fortalecimiento de la
formación permanente para los trabajos del presente y del futuro.
Queremos que el cambio tecnológico tenga alma, que esté al servicio de
vivir bien, que multiplique productividad, inclusión y equidad.
No quiero finalizar sin mencionar enfáticamente que en estos próximos
cuatro años haré todos los esfuerzos necesarios para que estén en un
primer plano los derechos de las mujeres. Buscaremos reducir, a través de
diversos instrumentos, las desigualdades de género, económicas, políticas y
culturales. Pondremos especial énfasis en todas las cuestiones vinculadas al
cuidado, fuente de muchas desigualdades, ya que la mayor parte del trabajo
doméstico recae sobre las mujeres en Argentina al igual que otros países.
Ni una Menos debe ser una bandera de toda la sociedad y de todos los
poderes de la república. El Estado debe reducir drásticamente la violencia
contra las mujeres hasta su total erradicación.
También en nuestra Argentina hay mucho sufrimiento por los estereotipos,
los estigmas, por la forma de vestirse, por el color de piel, por el origen
étnico, el género o la orientación sexual. Abrazaremos a todos quienes sean
discriminados. Porque cualquier ser humano, cualquiera de nosotros, puede
ser discriminado por lo que es, por lo que hace, por lo que piensa. Y esa
discriminación debe volverse imperdonable.
Nuestra ética política reivindica los valores de la solidaridad y la justicia. A
todos los argentinos nos afecta la crisis. Quiero dirigirme un momento
también a quienes están en una mejor situación económica. A los
argentinos que por su esfuerzo o por el motivo que fuera tienen una
situación más placentera.
En un contexto de gravedad extrema, de emergencia, debemos comprender
que no existe la posibilidad de pedirle sacrificios a quien tiene hambre, no
se le puede pedir sacrificios a quien no puede llegar a fin de mes. Debemos

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salir de esta situación con solidaridad, para que cuando se encienda la
economía todos los sectores, sin excepción, puedan verse beneficiados.
Pero hasta eliminar el hambre le pediremos mayor esfuerzo solidario a
quien tenga más capacidad de darlo.
Comenzar por los últimos, para llegar a todos.
Y así, proponemos una Argentina donde el abrazo crezca, se multiplique,
porque necesitamos unirnos. Si logramos detener el odio, podremos
detener la caída de la Argentina.
La primera y principal liberación como país es lograr que el odio no tenga
poder sobre nuestros espíritus. Que el odio no nos colonice. Que el odio
no signifique un derroche de nuestras personas viviendo en comunidad.
Quiero terminar agradeciendo profundamente la generosidad y destacar la
visión estratégica que nuestra vicepresidenta, Cristina Fernández de
Kirchner, ha expresado en este tiempo de la Argentina.
Permítanme también recodar en esta hora a tres personas que me signaron
en la vida.
Quiero recordar a mi madre que me marcó con su ejemplo.
Quiero recordar a Esteban Righi quien me inculcó como nadie los mejorrs
valores del Estado de Derecho.
Y quiero recordar a Néstor Kirchner, quien en el año 2003 me permitió
participar de la maravillosa aventura de sacar a la Argentina de la
postración.
Quiero agradecer también a todas mis compañeras y compañeros del
espacio político que nos ha llevado a la victoria, por la permanente
dedicación y militancia.
Muchas veces me he preguntado en estos días por qué motivos quisiera
que nuestro Gobierno sea recordado en el futuro.

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Quisiera que seamos recordados por haber sido capaces de ayudar a volver
a unir a la mesa familiar. Que las lógicas y saludables diferencias políticas
que pueden existir en una familia puedan dialogarse en paz y en respeto, sin
divisiones o peleas.
Quisiera que seamos recordados por haber sido capaces de superar la
herida del hambre en la Argentina, que es un insulto a nuestro proyecto
colectivo de vida en común.
Quisiera que seamos recordados por haber sido capaces de superar la lógica
perversa de una economía que gira alrededor de la desorganización
productiva, la codicia, la especulación y la infertilidad para las mayorías.
Quisiera que dejemos como huella haber reconstruido la casa común con
un gran proyecto nacional, un Acuerdo Estratégico para el Desarrollo, del
cual nos sintamos orgullosos.
Por eso, deseo que las palabras finales de mi primer mensaje como
Presidente de toda la Argentina, no constituyan una respuesta sino una
pregunta.
Las respuestas sin preguntas son como árboles sin raíces. Y sólo en el
encuentro entre las preguntas y las respuestas nuestras palabras adquieren
vida real.
¿Seremos capaces, como Argentina Unida, de atrevernos a construir esta
serena y posible utopía a la cual nos llama hoy la historia?
¿Seremos capaces como sociedad?
¿Seremos capaces como dirigentes?
Yo quiero ser el Presidente de la escucha, del diálogo, del acuerdo para
construir el país de todos.
Días atrás un amigo me señalaba la importancia de todo ello en el futuro
que se avecina. Tenía razón al decir que tenemos que aprender a

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escucharnos aun sabiendo que no pensamos los mismo. Demasiado tiempo
probamos el método del enojo y del rencor. Todas y todos debemos
despojarnos del rencor que cargamos. Volvamos a ganarnos la confianza
del otro. Volvamos a confiarnos entre nosotros.
Nos ha llegado la hora. Por eso estoy aquí.
Cuando mi mandato concluya, la democracia argentina estará cumpliendo
40 años de vigencia ininterrumpida.
Ese día quisiera poder demostrar que Raúl Alfonsín tenía razón.
Espero que entre todos podamos demostrar que con la democracia se cura,
se educa y se come.
Pongámonos de pie y empecemos nuevamente nuestra marcha.

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