Los Lavadores de Oro

Argentina es un país con innumerables oportunidades para el turismo convencional, pero también posee -en sus extensos territorios y geografías- amplias posibilidades para conocer historias de vida e ignotos lugares que subyugan por sus particularidades. Altasierra Documentales se internó en las profundidades andinas de la provincia de La Rioja, en una región reconocida por misteriosas leyendas y sobrecogedoras bellezas naturales. Nuestro destino: conocer a una familia riojana, que vive a latitudes y alturas que desafían al vértigo; denominados como “Los Lavadores de Oro”

Un mundo primigenio

Al norte de la localidad de Famatina y siguiendo por la ruta Nº 11, que atraviesa a escondidas quintas y pequeñas casitas rodeadas por un río de aguas de color amarillo, se arriba a uno de los últimos lugares habitables. En esos desolados parajes viven desde hace años José Caliba y su familia, quienes realizan la explotación del oro utilizando técnicas tradicionales. Integrados por su esposa y dos hijos, todos comparten los trabajos –muchas veces rigurosos- para lavar toneladas de arenas aluviales y así obtener unos cuantos gramos de oro al mes.

Caliba y su esposa ya están acostumbrados a recibir a los curiosos turistas que desean acercarse al secreto mundo de la búsqueda del oro y se comportan como verdaderos anfitriones. Luego de un café caliente y pan casero servidos por su esposa, se invita a los visitantes a conocer la zona de producción, que se encuentra unos cientos de metros más abajo; tarea que le compete al jefe de familia y a sus hijos.

Para conocer la zona de trabajo se desciende por un sendero que atraviesa una vertiente de agua, que suele mantener en las primeras horas de la mañana gruesos trozos de hielo, producto de las bajísimas temperaturas nocturnas. Los hijos de Caliba son los encargados de administrar una pequeña compuerta, para hacer descender estas heladas aguas, a un rudimentario sistema de extracción de oro.

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Atrapando al veleidoso oro

El sistema está conformado por una canaleta de madera donde se han instalado una serie de trampas. La operación consiste en hacer correr el agua por este conducto, mientras se arroja suavemente la arena; tarea que es realizada totalmente a mano y con la utilización de palas. El oro al ser un metal muy pesado, queda atrapado juntamente con otros materiales, siendo el primer paso para comenzar a separar al precioso metal.
Se necesita lavar aproximadamente una tonelada de aluviones para obtener un gramo de oro, tarea que demanda toda una jornada y mantener una paciencia inquebrantable.

Luego de varios días los lavadores logran detener en las trampas unos cuantos gramos de oro, hierro y otros metales pesados. Es el momento de utilizar una tradicional herramienta denominada “chaila”, que es una especie de fuente con base cónica, que permite una separación más minuciosa del material; trabajo que requiere de una pericia y pulso muy templado.

Se vacía el producto de las trampas en la chaila con un poco de agua y se procede a realizar una serie de movimientos circulares –muy suaves- para que el agua despida a las materiales más livianos fuera del recipiente. Al transcurso de los minutos y de repetir varias veces la operación ya se pueden observar, en el fondo cónico de la chaila, las pequeñas laminillas de oro mezcladas con abundante material de hierro. Luego se coloca la chaila al sol para evaporar totalmente el agua de los materiales depositados.
Una vez que el hierro y el oro se han secado se utiliza un artilugio muy simple: consiste en envolver un imán dentro de un trozo de papel y acercarlo al contenido. Las minúsculas partículas de hierro son atrapadas por el imán y el oro queda totalmente libre.

La familia Caliba obtiene unos cuantos gramos de oro al mes, que le han permitido mejorar su áspera vida en estas regiones, que aún mantienen los encantos de una naturaleza primigenia. También se han vistos beneficiados por el interés que despierta en el turista no tradicional, el conocer sobre éstas antiguas técnicas del lavado, mucho menos contaminantes que las utilizadas por las compañías mineras que se sirven del mercurio o el cianuro para la obtención de oro a escala industrial.

Visitar esta región beneficiada por una naturaleza pródiga, que presenta cielos de azules profundos y una atmósfera purísima, nos produce ciertas incertidumbres… ciertas preguntas que flotan en este ambiente paradisíaco: ¿Sobrevivirán esta montañas de ardorosos colores… de inasibles horizontes… a la apetencia de las compañías mineras?

¿Primará la cordura a la avidez humana?

Jorge Villavicencio para AD Revista (c) 2007

Recomendaciones para visitar la zona

El acceso a la región se puede realizar en cualquier tipo de vehículo, siendo conveniente la utilización de 4×4 si se desea transitar por las sendas que existen en las montañas.

Tomar contacto con el área de turismo municipal de la localidad de Famatina, para conocer los horarios de visitas. (Tel: -54- 3825 – 493-020 )

Es preferible arribar a la zona en primavera o en el otoño. En el verano los vados pueden llegar anegarse por lluvias estacionales. En invierno las temperaturas son extremas y por consiguiente no se realiza el lavado del oro.

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